Las horas posteriores a la eliminación del Mundial fueron distintas a las madrugadas de conmemóración que se vivieron en tournaments anteriores. La madrugada del 6 de julio se cumplen exactamente dos meses desde que la Selección Mexicana inició su concentración en el Centro de Alto Rendimiento, preparación que terminó al caer ante un equipo con una plantilla siete veces más valiosa y una de las ligas más fuertes del mundo. Alrededor de las 11:00 horas, cerca de 10 jugadores permanecían en las instalaciones del CAR, quienes fueron retirándose a lo largo del día de este complejo de 120 mil metros cuadrados que fue su hogar durante toda la preparación. El lugar funcionó como una verdadera familia, donde los futbolista compartieron momentos de convivencia. Una mañana nostálgica, sin el "quiere volar" que le aplicaban a Orbelín Pineda, sin los gritos hacia periodistas ni el "calzón chino" que sufrió Erik Lira en varias ocasiones. Esta decena de jugadores fue abandonando poco a poco el Centro de Alto Rendimiento, ubicado cerca de la caseta de Tlalpan, donde la tarde anterior decenas de aficionados habían formado un pasillo humano para despedir al equipo y enviar su respaldo desde el inicio del trayecto rumbo al Estadio Azteca. Una mañana del 6 de julio en la que, tras el cierre de la concentración, la vida en México comienza a retomar su curso.

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